Runner (parte 1)
Una historia sobre el cuerpo, la memoria y la necesidad de volver
“NO-QUIERO-HACER-ESTA-MIERDA…” Pero salgo de la cama como un autómata, me visto, me pongo las zapatillas y ya no hay vuelta atrás.
La ciudad no respira. Vapor, ruido, anuncios flotantes y lluvia, una lluvia sucia y espesa. A esta hora, los pasillos elevados tiemblan bajo el peso de la gente y los drones de reparto sobrevuelan nuestras cabezas dejando estelas de luz y un zumbido combinado de enjambre que se pierde en la niebla.
Pero yo corro. Cada día. Aunque ya no quede apenas espacio.
Me coloco el dispositivo. La luz parpadea en rojo en la sien.
Lo fabricó una compañía suiza que cuando yo era un crío se dedicaba a fabricar relojes (y de los buenos) Se desintegró antes de que pudieran vender más de mil unidades. Pero el mercado negro, servidores ilegales, algún conocido al que no te gusta una mierda deber favores y uno de ellos llegó finalmente a mis manos. Copia pirata, no original.
Funciona así: corres. Y para cada sesión TAU (Trans-Analeptic Uplink) genera un nuevo trazado, con puntos de activación dispersos por la ciudad. Si los alcanzas todos —en orden, y sin detenerte más de diez segundos en cada uno— el sistema te asigna puntos. Al completar el millón de puntos, durante escasos cinco minutos, puedes elegir un recuerdo. Das un salto y estás ahí. Para correr dentro de él.
Hoy me ha tocado una ruta en el modo Hardcore (te dan más puntos por sesión completada y estoy muy cerca del objetivo)
Comienza en los subniveles de lo que antes fue el Parque de la Luz, ahora convertido en un vertedero de mercancías no reclamadas donde los niños trapichean e intercambian sus inventos. Continúa por los túneles de servicio que cruzan bajo el distrito financiero y culmina en el mirador de las Antenas, donde las nubes son tan espesas que siempre parece de noche.
El primer punto está a 10k.
Empiezo.
Los primeros pasos siempre duelen. Pero tras la tercera zancada todo se alinea: los músculos, la respiración, la necesidad.
Al llegar al primer punto, TAU vibra. Verde. Sigo.
En el túnel, la oscuridad lo envuelve todo. Paso junto a una mujer dormida sobre un colchón de plástico y escucho una vieja canción saliendo de un altavoz portátil. Me gustaría detenerme. Me gustaría saber quién canta. Pero no puedo.
Segundo punto, 20k. Verde.
El sudor se mezcla con el polvo. La ciudad no tiene estaciones, solo ciclos térmicos irregulares. Hoy toca calor. El aire sabe a óxido, ceniza y aceite para cocinar reutilizado.
Tercer punto, 30k. Casi me lo salto. Tuve que girar en seco. El tobillo cruje. Pero no paro.
Subo. Escaleras, rampas, pasarelas. Un niño me grita a lo lejos algo que no entiendo. Tal vez me anima. Tal vez me insulta. Da igual.
Último punto, 40k. Ya casi estamos.
TAU pita. Tres notas agudas. Verde constante. Suena una música de voces celestiales ascendente.
Elijo: Campo de trigo, verano 2031.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
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Imagen creada con Midjourney
La Biblioteca de la Nostromo









