Max
Colonia paliativa Nil12. Fiordo de Aurland, Noruega. Año 2592
Colonia paliativa Nil12. Fiordo de Aurland, Noruega. Año 2592
Hoy ha amanecido el día con una luz peculiar que me recuerda a mi infancia, a mis expediciones de montaña en mi juventud, a los días de reposo junto al porche de casa en la madurez de mis días.
La enfermera me ha dejado junto al gran observatorio que, como una lupa, magnifica el imponente paisaje. No viviré para ver otro día más. Los cálculos médicos me dan unas pocas horas de vida. He pedido mi último deseo. Ya está en camino.
Desde que tengo memoria Max está ahí. Llegó a mi vida poco después de mi nacimiento. Crecimos juntos, aprendimos a andar y hablar al mismo tiempo, fuimos juntos a la universidad y nos pasamos noches enteras divagando, imaginando qué nos depararía el futuro, qué plan era el más interesante para conquistar nuestras vidas.
Decidimos salir al mundo y explorarlo. Puedo decir que gracias a Max estoy aún vivo. Me salvó la vida en el Annapurna. Gracias a él pude formar una familia, tener hijos y conocer todas las edades del hombre.
Cuando senté la cabeza Max se quedó un tiempo con nosotros. Para mis hijos es como un segundo padre. Pero Max no sentía esa vida como suya. Lo hablamos tantas veces. No era una vida para él, que seguía con un hambre inagotable de conocer nuevos horizontes. Hubiese sido egoísta retenerlo con nosotros por mucho que nos apenase su marcha.
Me siguió escribiendo los años venideros y haciéndonos visitas esporádicas.
Cuando perdí a mi esposa Nara, Max regresó para estar conmigo un tiempo. Fue la última vez que pasamos un período largo juntos.
_ Señor Nielsen, ya está aquí su familia. Le esperan fuera.
_ Gracias, ¿podrías activar mi exoesqueleto? Me gustaría caminar un poco.
_ Por supuesto, yo le acompaño igualmente.
_ ¿Saben algo de Max?
_ Preguntaré en recepción si han recibido algún mensaje.
_ Perfecto, gracias.
Jon y Nila han venido solos, sin sus parejas. No he tenido la oportunidad de tener nietos. Ninguno ha decidido tener hijos, pero saber que les va bien me provoca una extraña sensación de dejar todo en orden.
_ Papá, no deberías caminar…
_ No os preocupéis. Esta chatarra hace todo el trabajo. Me alegra veros.
Me siento con mis hijos en un banco. Observamos como la luz de la mañana se hace más cálida y se extiende lentamente a lo largo del fiordo. Una libélula azul se posa brevemente en mi mano y luego remonta el vuelo. Cuanto más presente está el final más se aprecia la belleza de las cosas.
Hablamos de asuntos triviales, hasta que los recuerdos se van colando en la conversación, salpicados de momentos breves de silencio y reflexión.
A lo lejos se divisa un autobot. Alcanza la barrera de la colonia y se encamina por la avenida principal. Es Max. Los chicos se acercan a recibirlo. Me levanto para observarlos y me doy cuenta que, en realidad, mi último deseo era verlos a los tres juntos por última vez.
_ Hola, viejo amigo
Nos damos un fuerte y largo abrazo.
Pido a los chicos que nos excusen. Max se sienta a mi lado.
_ Ha llegado el momento.
_ Lo sé, los chicos me lo han contado…
_ ¿Recuerdas aquello que me repetías una y otra vez en el Annapurna? «No nos podemos permitir ser extravagantes»
_ Como si fuese ayer. En realidad se la robé a Amundsen.
Ambos sonreímos ante la ironía y el sentido de esa frase en este nuevo contexto. Hablamos largo y tendido sobre nuestra infancia, nuestra complicada adolescencia, las expediciones que realizamos. Hablamos de Nara y de los chicos. Tantos recuerdos a los que aferrarse.
Max me puso al día sobre sus últimos viajes y de lo mucho que echará de menos todo esto. Con mi mano sobre su hombro le confieso:
_ Max, yo quería tener este último momento contigo, pero también necesitaba decirte algo importante.
_ Milo, yo…
_ Por favor... Se supone que debemos suspender tu actividad cuando yo fallezca. La legislación te trata como chatarra que es conveniente reciclar. He hablado con mis abogados sobre todo esto. No es sencillo pero puede evitarse. Me parece absurdo que se haga una cosa tan salvaje con alguien que puede seguir adelante con su vida, que no hace daño a nadie... Solo necesitas una persona asociada a tu licencia, legalmente hablando.
_ Milo, yo no…
_ Lo he sopesado con los chicos y están más que dispuestos a hacerse cargo. Por favor, acéptalo… Gracias a ti yo he podido llegar hasta aquí… Te debo una vida, una buena vida… Quiero irme sabiendo que seguirás ahí afuera.
Milo Nielsen falleció a la mañana siguiente de su encuentro con su familia, motivo de una degeneración irreversible.
El cambio de licencia de Max se hizo efectivo unas pocas semanas después.
Los registros de la compañía que creó a Max, un droide evolutivo de gama D2080, se pierden en el año 2610, cuando entró a formar parte de una expedición encaminada a explorar exoplanetas prometedores.
Archivos de terceros documentaron su participación en más de 500 expediciones, destinadas a fines científicos y topográficos, que abrieron camino para la prosperidad de nuestra especie en otros planetas.
Los colonos llaman informalmente a la montaña más alta de Próxima b «La Mole», aunque en los registros oficiales consta con el nombre de Milo.
Imagen creada con Midjourney











